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A 25 años de Julieta Kirwood en La Morada.


El miércoles pasado, en ocasión del vigésimo quinto aniversario de la muerte de Julieta Kirwood y la presentación del libro en su homenaje de Raquel Olea "Tengo ganas de ser nuestros nombres" de la Editorial Usach, las puertas de La Morada se abrieron nuevamente en un conversatorio masivo y con un público diverso, que se encontró para recordar la vigencia del pensamiento y la acción de esta feminista.

En este escenario, se comienza a comentar su legado junto a la conducción de Rosario Puga, que en sus palabras señala "Julieta se inscribe en la memoria feminista chilena y latinoamericana, como una teórica que piensa históricamente la discriminación y como una activista que impulsa un nuevo modo de pensar y hacer la política de las mujeres", para luego dar la palabra, a las invitadas respecto a sus miradas del texto de Olea y la significancia del quehacer de Kirwood.

La historiadora Alicia Fruhmann revisa a las "diversas Julietas" en el contexto de la época, y que según ella, después de su muerte cobra vigencia diciendo que incluso hoy en día es más conocida que en vida, en el sentido de reconocer "el atractivo de su pensamiento, por lo que trasunta en el, sobre ella como mujer, pero también lo que nos puede decir en esta nunca acabada agenda de género. Y por otra parte, como ella, su pensamiento recoge esa rebeldía y sueños que nunca dejamos de tener" y que sin lugar a dudas, se visualiza en un carácter rupturista al plasmado orden patriarcal.

Para la doctora en Literatura Gilda Luongo vicepresidenta de La Morada, la importancia de esta feminista se suscribe en la construcción de lugares plurales cuando reconoce que "la palabra conversatorio es un legado de Julieta, y forma parte, de los modos deseados como no jerárquicos que la indagadora feminista propuso para la generación de saberes situados de las mujeres", y que por tanto, dan forma al lenguaje, a la organización y a la posición feminista.

Por otro lado, la comunicadora social Vicky Quevedo se refiere a Julieta con la complicidad de haber sido compañeras en la resistencia, y para compartir, esta experiencia cita a la feminista peruana Virginia Vargas que la llamó de "Moza insolente", y continua "con los años he entendido que nuestra mayor insolencia fue el haber sido felices en tiempos de horror, valientes en días de terrorismo de Estado, irreverentes con estilo propio y subversivas en escenarios de izquierda con nuestro lema democracia en el país y en la casa" con lo que alude a la memoria en tiempos de dictadura y que cuestiona lo construido, en una apuesta por la vida y en un feminismo en que había todo por hacer y que tiene espacio para todas.

Posteriormente, Raquel Olea toma la palabra para agradecer la producción del libro y cuenta cómo fue posible su realización, con el propósito de visibilizar y rescatar el compromiso de esta mujer vanguardista, que valora la experiencia personal en femenino ante un mundo en masculino, y que planteaba, un cambio social participe e incluyente de todas las mujeres, porque el sentido feminista se hace en el cotidiano de cada una y que al compartirlo se reconoce en el colectivo.

En este sentido, es importante destacar la forma en que la autora reconstruye nuestra genealogía, la producción y las prácticas simbólicas en primera persona, que produce, provoca y convoca un continuo de una sujeta propia, que integra a mujeres pobladoras e intelectuales que son protagonistas de los saberes en femenino y la acción política, que marcará la rebeldía ante el acceso y la posición desequilibrada de derechos.

Por último, se abre el dialogo con las personas presentes en sus sentires con Kirwood y la autora del libro, como también con quienes lo comentaron. Y la reflexión, que nos acompaña en la trama desde lo personal y de cada una en nuestros espacios, porque nosotras somos y hacemos feminismo, y porque nosotras nos empoderamos y rebelamos a la historia haciendo cultura en un tiempo de Mujer.

Por Daniela Andrade Zubia
hiru63@gmail.com
La Ciudad de las Diosas
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