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Tegualda, la pionera


No es fácil conocer a una mujer que en la década de los años 30, cuando apenas tenía 17 años, decidió escribirle una carta al presidente de su país, para que le diera una beca para estudiar medicina.

Una mujer que ahora, a sus 88 años, sigue trabajando como epidemióloga, toma clases de violín y sigue soñando con un país donde exista justicia social.

Tegualda Monreal Porcile -postulada por uno de nuestros lectores como una "mujer excepcional"- le contó a BBC Mundo desde Santiago de Chile, cómo fue su vida.
La carta al presidente

Tegualda se tituló de médico cirujano en 1944. Éramos cinco hermanos y la jubilación de mi padre no alcanzaba. Asi es que le escribí una carta al presidente Pedro Aguirre Cerda contándole que quería estudiar medicina.

Hasta que un día llegó la respuesta a la casa. Mi padre abrió la carta pensando que era para él, pero no, era para mí. Firmada por el mismo presidente.

Sentí tanta felicidad... es uno de esos momentos difíciles de describir. Esa carta me abría las puertas para ir a la universidad y ser lo que yo quería. Asi es que me gané la beca para vivir en un hogar universitario y eso fue lo que hice.

Me recibí de médico cirujano en diciembre de 1944, éramos pocas mujeres en esa época. Trabajé en un hospital clínico durante unos cinco años, hasta que me especialicé en epidemiología.

Eran los tiempos en que había al menos 20 enfermos en cada sala del hospital. Yo me quedaba a dormir ahí cuando alguien estaba muy mal. Me levantaba a las cuatro de la mañana a tomarle la presión, a revisar que todo estuviera bien.

Pero lo hacía con gusto. Para mí es una gran cosa en la vida haber tenido la posibilidad de trabajar en un hospital. Es que yo me encariñaba con los enfermos. Eran como parte mía.
Investigaciones sobre el aborto

La tía Tegüita cambió la vida de todos los que la rodean. Es una persona culta e intelectualmente fascinante, con una vida que merece ser contada

Paulette DesormeauxDespués me dediqué a la epidemiología, a la investigación de enfermedades transmisibles.

Pero en la década de los 60 comencé a investigar sobre el aborto provocado, realizando encuestas en la población. Era la primera vez que se hacía algo así.

Yo misma iba a la casa de la gente y conversaba con las mujeres para saber cómo era su situación. Llegué hasta las comunidades mapuches.

Estas investigaciones contribuyeron a que se iniciara la planificación familiar en Chile. Había que buscar maneras de controlar la fertilidad. Era un gran problema en esa época.

El exilio

Estuvo una década en Mozambique trabajando como epidemióloga.Cuando llegó el golpe de Estado en 1973 nos acusaron de marxistas y me dejaron sin trabajo. Me dejaron sin nada. A los meses después una amiga estadounidense me sacó del país con una invitación y ahí comenzó mi exilio.

Nunca más volví a ver a mi primer esposo porque murió de un infarto en Chile en 1974 cuando yo estaba en Estados Unidos.

Creo que el golpe nos marcó a todos los chilenos. Yo no fui personalmente torturada, pero vi amigos y familiares que fueron detenidos o desaparecieron. Fue una cosa horrible.

Se llevaron a una hermana y a una sobrina. Mi hijo se salvó porque se subió a un Tilo (árbol) que teníamos en la parcela y después estuvo clandestino, hasta que se pudo ir a Inglaterra.

En el exilio yo trabajé en el centro de epidemiología CDC en Atlanta y más tarde me fui a Nueva York, donde seguí investigando sobre planificación familiar. Viajé a varios países latinoamericanos haciendo estudios en terreno, con las comunidades.

Me fui a Mozambique contratada por una agencia de la ONU en 1981 y estuve allá por casi 10 años, ayudando a crear una política de planificación familiar para ese país.

Antes de venirme hice una investigación sobre fecundidad en las familias mozambicanas, que -según me han dicho-, todavía tiene vigencia.

De regreso

Ahora llevo como 15 años trabajando en el Servicio de Salud Occidente en Santiago, dedicada a la investigación sobre enfermedades crónicas y colaborando en lo que se necesite. Trabajo media jornada.

Por suerte he tenido buena salud, pese a que tengo una arritmia que me molesta un poco.

No se hasta cuando voy a seguir trabajando, aunque pienso que quizás a esta altura de mi vida, es más conveniente que yo me vaya.

Si me fuera, tengo tantas cosas para leer en mi casa. Tengo el violín, el jardín de la parcela.

Tantas cosas.

Ahora retomé las clases de violín que había abandonado cuando era joven y llevo tres años estudiando. Me gustaría poder llegar a tocar algo bonito.



Fuente: BBC Mund0
Daniela