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Mujeres en la memoria


 

En 1992 nos reunimos un grupo de mujeres con la idea de levantar un Monumento a las 72 mujeres detenidas desaparecidas y 118 ejecutadas durante la dictadura militar. Era tanta nuestra confianza en la recuperada democracia que hasta elaboramos el Proyecto de Ley y les pedimos a Laura Rodríguez y a Mario Palestro que lo patrocinaran. Pese a que ya teníamos en la retina la impactante imagen del primer gabinete del gobierno de don Patricio Aylwin, 100% masculino, igual tuvimos ese arresto de soberanía; pensábamos que en democracia las organizaciones íbamos a legislar o, por lo menos, a co-legislar. Pasaron diez años y aunque ambos diputados hicieron esfuerzos, el Proyecto nunca vio la luz.

En el año 2003, formamos un Comité para retomar la idea, esta vez por cuenta propia, como ciudadanas. Tres años costó conseguir el lugar de emplazamiento (sobre la Estación Los Héroes del Metro), el diseño del Monumento a través de un Concurso Público, y su financiamiento.

El Monumento "Mujeres en la Memoria" fue inaugurado el 12 de diciembre del 2006, en un acto programado con un mes de anticipación, pero que por estas paradojas que lo han rodeado, coincidió con el funeral del dictador.

En esos tres años, si bien en su esencia el Monumento siguió siendo un homenaje a las mujeres que perdieron la vida luchando por sus convicciones, la idea de la memoria se fue ampliando. Pensamos que también el Monumento debía contener a las mujeres que buscaban a sus familiares entre los detenidos; a las mujeres de las ollas comunes y los comprando juntos; a las que se organizaron para la defensa de los derechos humanos y la recuperación democrática; a las detenidas, torturadas, exiliadas.

Más tarde, a raíz del Informe Valech, se empezó a develar el tipo de tortura sufrida por la mayoría de las mujeres, y omitida en sus relatos por pudor. Así supimos que la represión política tuvo el mismo sello de la violencia patriarcal contra las mujeres. Habíamos partido denunciando la represión política por parte de agentes del Estado, y nos encontramos con que ello representó el sentir de otras mujeres agredidas, antes y ahora, y en cualquier lugar.

Tiempo después, supimos de los femicidios en Ciudad Juárez en México, en Guatemala, en El Salvador, y sentimos que también el Monumento debía recordar a las mujeres latinoamericanas, a estas y a aquellas que perdieron la vida o estuvieron detenidas junto a nosotras en Villa Grimaldi, en el Estadio Nacional y otros lugares de reclusión, a sus compatriotas, y a todas las mujeres que hemos luchado por una vida mejor en el Continente.

Queríamos todo, queríamos que la memoria de las mujeres, con sus saberes y quehaceres, entrara de lleno en nuestros mundos. Sólo hace veinte años Celia Amorós decía que la invisibilidad de las mujeres es "la ausencia que ni siquiera puede ser detectada como ausencia, porque ni su lugar vacío se encuentra en ninguna parte (...)".

En fin, nos contentábamos con haber logrado un lugar para su memoria.

Sin embargo, el Monumento "Mujeres en la Memoria", es quizás el único que aún no ha sido visitado por la Presidenta; cada cierto tiempo hay que limpiarlo de los graffitis que pintan los jóvenes; sus luces ya no se encienden por las noches, y para los medios de comunicación estas mujeres son intrascendentes. Quizás lo mismo sucede con la escultura "Las Maestras", en homenaje a Isabel Le Brun y a Antonia Tarragó, que abrieron el camino de las mujeres hacia la educación superior.

Pero como símbolos ahí están, no son lugares vacíos en la ciudad, y como mujeres ya habitan nuestro imaginario, ¿de cuántas? no sé, lo cierto es que no descansaremos y nos seguirán impulsando sus conquistas, nos seguirán nutriendo sus reflexiones, sus experiencias, y su historia seguirá empujando la nuestra y la de las generaciones siguientes. Hasta que ya no tengamos que luchar más por unas cuantas igualdades en el mundo masculino y nos dispongamos a terminar con todas las desigualdades estampadas en la esencia del sistema patriarcal.



Por Sandra Palestro
Fuente: Observatorio de Género y Equidad
Foto: daniela Andrade Zubia